Estas sobredimensionales entidades, estos enanos-máquina nos inundan de amor. No erótico, sino colmado de una cordialidad que hace sentir bien. Son como fragmentos reflejos de una parte de la propia psique previamente escondidos y súbitamente autónomos.
y ellos hablan y nos dicen: "No te sientas alarmado. Recuerda y haz lo que hacemos nosotros". Los enanos fragmentarios parecen confortantes cuando dicen: "No te preocupes, no te preocupes, haz esto, mira esto".
Uno escucha y nota un lenguaje extraño que está transfiriendo información extraña que no puede ser vertida en la lengua que nos es propia.
Como monos que somos, cuando encontramos un objeto translingüistico se activa una especie de disonancia en nuestro cerebro hendido. Tratamos de verter lenguaje sobre el objeto, que se desliza como el agua en las plumas de pato. Tratamos de nuevo y fallamos otra vez y esta disonancia cognoscitiva, esta excitación temblorosa que sigue saliendo del objeto nos asombra y llena de admiración y nos coloca al borde del terror. Uno tiene que controlar el terror y para eso hay que hacer lo que hacen las entidades, lo que nos decían que hiciéramos.